El hartazgo, el aburrimiento y el dolor han sido mis mensajeros; gracias a ellos, me he reinventado muchas veces. He tenido que aceptar la incertidumbre, el miedo a lo desconocido, la resistencia y el sufrimiento que conlleva vivir. Pero de ellos aprendí que lo único inevitable es el cambio. Tengo la firme convicción de que poseemos las herramientas necesarias para enfrentar cualquier adversidad. Si lo dudas, mira hacia atrás: en tus momentos más oscuros, encontraste la forma de salir adelante y avanzar. Atravesar esas tormentas te permite descubrir el potencial y las fortalezas que llevas dentro para volver posible lo imposible. No lo digo desde un optimismo pendejo; lo digo con la certeza que me han regalado mis consultantes, mis maestros, muchas familias y mi propia historia.